¿Culpa?

11 12 2009

Lo que sientes no es tu culpa -me dije- no, al menos, del todo.
Miré a la derecha y allí estaba ella. Sensual, tierna, modesta. Por supuesto, todo estos adjetivos no eran mas que el producto de los deseos fervientes de mi imaginación.
No me causaba nada de gracia ver lo que veía. Pero reparé en cuantas veces la risa es una expresión de miedo. De defensa ante lo que no conocemos o no nos agrada. Ante nosotros mismos.
Esa chica sensual, tierna y modesta, de ojos claros y labios rojizos desperdiciaba su vida. Y su físico; Y yo… yo lo sabía. No era deprimente, porque estaba consciente de que ella misma había elegido ese camino. Sin embargo, me dolía. No físicamente. Era algo mas profundo. Me sentía negativo; ese acto simplemente me transmitía mala energía, me estaba llevando al vacío con ella… ¡No! Yo tomé una decisión. Yo tomé la decisión de ser jalado al vacío.
Lusto Freinsisk estaba enamorado, solo eso podía describirlo…
Como siempre, luego de un tiempo me di cuenta que no estaba pensando en ella sino en mí, y es claro tras leer estas líneas. ¿Me estaba protegiendo?, ¿De qué?
De mirarla, claro.
Esos ojos inyectados en sangre después de varios meses de realizar aquella misma dolorosa actividad. Aquel sacrifico inhumano por la belleza también inhumana.
Esos ojos. ¡Esos ojos que no me miraban!
Y gracias a Dios que no lo hacían. Pero era suficiente con oír.
Cerre los míos buscando refugio, buscando mejores momentos, o peores. Lo que fuera antes de soportar eso.
El silencio del recinto no hacía más que amplificar los terroríficos sonidos del pecado. De la ausencia de gratitud por la salud. Del deseo de una vida perfecta para una mente perfecta con un cuerpo perfecto. Nada de eso.
Estas errando el camino -pronunciaba en mi mente como si ella, ¡Ella!, me estuviera escuchando.
Las lágrimas corrían por su rostro y me mataban, porque sabía que no eran lágrimas de dolor, no limpiarían las malas decisiones… eran lágrimas de felicidad. La más pura de las alegrías.
-Deja de hacerlo- le dije.
Los sonidos guturales provenientes de lo más profundo de su ser, que se quejaba y se resistía a ceder lo que necesitaba para vivir, me respondieron.
Naturaleza sabia, humanidad tonta; necia.
Su nombre: Zepia.
Su pecado: la belleza.
Su deseo: ser más bella.

Contemplando su cabello rojizo, rehuyendo a ver esa boca cálida, me levanté y exclamé, de la manera mas solemne que pude:
-Deja de hacer eso, estás tirando tu vida y estás ensuciando la mía -y me marché.

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Duda

10 12 2009

Una única duda. Una única pregunta.
La pregunta. A la derecha, a la izquierda, arriba y abajo del sentido. De la lógica.
Dentro de las paredes de la dualidad. De la interpretación y la subjetividad. Abierto a planteamientos locos, sin consenso; sin sentido. Irreal, insufrible. Sin respuesta tal vez. Indiferente a mi desdicha. A mi desconocimiento. A mi existencia.
Postrada frente a las puertas del futuro. Bloqueando las puertas del pasado.
Sin humanidad. Tortuosa e indefinible.
Una sola pregunta. Una sola duda.
La duda. Que corroe, corrompe y reviste mis sentidos de insensibilidad. No antes, no después.
Mi cárcel. Mi libertad. Mi vida.
Ceñida al destino, ¿existe el destino?
Corresponsal de la indiferencia. Mi pregunta. Mi duda.
Corro, subo y bajo con ella. Vivo para y por ella. Probablemente muera con ella. No por mi estupidez. Si no por la inexistencia de su respuesta. De responderla para el resto de la eternidad. De la existencia.
Cambiante, informe. Postergada y odiada. Recibida con brazos abierto en busca de calor. Con caras duras que rechazan alguna razón. Una única duda…
¿Quién soy?





Sin sentido

15 11 2009

Respiro y te miro.
Aun sabiendo que es el destino, me maravillo del mismo.
Por su estupidez y mis suspiros; lo que ambos algún día vivimos no son mas que palabras que mi memoria ha escrito con sangre en las sombras de la incertidumbre, de la indiferencia. La maravillosa sonrisa de una serie de desdichas que nos acompañan. Respiras en busca de la vida que perdiste. Y sabes que no hay más, porque te has encargado de destruirlo, des encantarlo. Sentimientos contenidos en hipocresía y una serie de manías que nos separan y nos mantienen a la expectativa, al borde de la nada. No me concedes la última mirada y sin embargo alargas tu partida, porque esperas que lo sienta. Y lo siento; siento no poder desearte, siento no poder decirte las palabras que deseas escuchar. Las que nunca me oirás pronunciar. Un susurro que me encomienda algo, algo que no logro descifrar. Algo que me lleva hacía la nada y la indiferencia de la vida. Espero, en lo poco que me queda, que nos queda, si es que queda, al fin, algo: que puedas perdonarme. Porque hay algo más que tu indiferencia y mis mentiras. Espero que entiendas que lo que has logrado es, simplemente, lo que te has propuesto y que es lo que me hace maravillarme. Levanto el velo y te beso.
Respiro y te miro… caigo en la cuenta de que todo está escrito: que lo nuestro no es más que un sinsentido.